Tres décadas de excelencia médica con rostro humano.

ClinicPiel innova con propósito, poniendo la más avanzada tecnología al servicio de tu salud y bienestar.

Por Lucía Domínguez  Fotografías Federico Galbraith

 

ClinicPiel nació de un sueño claro: crear un espacio donde la excelencia médica y la calidad humana caminaran de la mano. Su fundadora, Dora Martínez, impulsada por una profunda vocación de servicio y el deseo de practicar la dermatología con ética, innovación y empatía, transformó un pequeño consultorio en una clínica referente en Panamá. 

A lo largo de tres décadas, ha construido un legado basado en la honestidad, el respeto y la formación de nuevas generaciones de médicas, convencida de que el conocimiento se comparte y que la verdadera excelencia no compite con la empatía. 

Hoy, con un equipo joven y talentoso al frente, ClinicPiel se proyecta hacia el futuro con la misma pasión que la vio nacer, lista para seguir innovando y cuidando lo más importante: las personas.

¿Qué la motivó a fundar ClinicPiel y cuáles fueron los principales retos?

Desde muy temprano supe que quería tener mi propio espacio. No por ego, sino porque tenía una visión clara: quería construir una clínica que combinara excelencia médica con una calidad humana excepcional. Un lugar donde los pacientes fueran tratados como personas, no como números. Donde se practica la medicina con ética, innovación y empatía.

 

Después de trabajar en el sistema público por varios años, sentía que necesitaba mayor libertad para ejercer la dermatología como yo la entendía: con acceso a tecnologías de vanguardia, rodeada de profesionales brillantes y con vocación genuina de servicio. 

Así nació la idea de ClinicPiel. En ese cambio inicial tuve el apoyo de una de las fuerzas más importantes de mi vida: mi padre el Dr. Armando Martínez, prominente médico de la frontera mexicana. No fue que necesitara del respaldo económico, pero en los momentos más difíciles estuvo allí para recordarme que no me rindiera, que creía en mi, para darme un apoyo moral inquebrantable. Siempre lo he sentido como el viento debajo de mis alas, empujándome a seguir adelante. 

 

Los primeros años fueron duros. Comenzamos en un pequeño consultorio dentro de una policlínica, con horarios limitados y recursos justos. Más adelante, nos asociamos con colegas para formar un centro de cirugía ambulatoria. Como todo en la vida, hubo alianzas que funcionaron y otras que no. En 2003, tras varios cambios, decidimos darle un nuevo nombre al proyecto: ClinicPiel. Un nombre que no llevara mi apellido, porque esta clínica nunca fue solo sobre mí. Siempre la imaginé como un espacio compartido, construido entre colegas, y que pudiera trascender mi propia figura.

Hoy, mirar hacia atrás y ver en lo que se ha convertido ese sueño inicial es profundamente gratificante.

 

¿Cómo definiría el legado que ha construido en el campo de la dermatología clínica y estética en estos 30 años de experiencia?

Cuando llegué a Panamá, recién terminada mi especialidad en México, toqué muchas puertas. No buscaba empleo; buscaba aprender. Me ofrecí incluso a trabajar ad honorem con dermatólogos reconocidos, pero la respuesta fue la misma en todos los casos: “Aquí trabajamos solos”.  En ese momento entendí dos cosas: que no todos están dispuestos a compartir lo que saben, y que, si alguna vez tenía la oportunidad, yo haría las cosas distinto.

Ese momento fue un punto de quiebre. No conocía a nadie. Ni siquiera los medicamentos que se usaban aquí. Toqué puertas no para buscar empleo, sino para seguir aprendiendo. Pero muchas de esas puertas se cerraron. Aquella experiencia me marcó profundamente, y me hice una promesa: si algún día tenía mi propia clínica, las puertas siempre estarían abiertas para quienes vinieran con ganas de aprender, especialmente si venían de lejos, como yo.

Mi legado no está solo en los tratamientos que he realizado ni en los equipos que he traído al país. Está en la cultura que hemos construido: Un espacio donde el conocimiento se comparte, donde la experiencia se transmite, y donde la excelencia no compite con la empatía, sino que caminan juntas.

¿Qué valores han guiado su práctica médica y el crecimiento de ClinicPiel?

La honestidad y el respeto han sido, desde el primer día, los pilares de todo lo que hacemos en ClinicPiel.

Siempre he creído que la relación médico-paciente debe construirse con transparencia. Decir la verdad, aunque duela, es parte de nuestro deber. Hemos aprendido a reconocer nuestras limitaciones, a no prometer lo que no podemos cumplir, y a no vender ilusiones disfrazadas de tratamientos. Si algo no va a funcionar, lo decimos. Si hay un riesgo, lo explicamos. Esa ha sido siempre nuestra forma de actuar, incluso cuando nos ha costado.

También nos tomamos muy en serio la responsabilidad de acompañar a nuestros pacientes en todo el proceso, no solo en los momentos buenos. Hemos estado ahí para celebrar resultados, sí, pero también para dar la cara cuando algo no salió como esperábamos. Porque la medicina no es una garantía matemática, es un compromiso ético.

En ClinicPiel, tratamos a nuestros pacientes con el mismo respeto con el que nos gustaría ser tratados. Y creo que eso se siente.

¿Hay algún momento en particular del que se sienta especialmente orgullosa en su carrera profesional?

He vivido muchos momentos que me han llenado el alma, pero hay uno que se repite con frecuencia y que nunca deja de conmoverme: ver la transformación en el rostro de un paciente cuando, después de años de frustración, finalmente recibe el tratamiento correcto.

Recuerdo casos de personas que llegaron a ClinicPiel después de haber pasado por manos inexpertas, mal diagnosticadas o maltratadas por años. Pacientes con lesiones visibles, con autoestima quebrada, que habían perdido la esperanza. Ver cómo, tras unos meses de tratamiento adecuado, su piel mejora… pero más que eso, cómo cambia su mirada, su postura, su manera de hablarse a sí mismos. Ese momento en que se ven al espejo y vuelven a reconocerse. Esa alegría que sienten sus familiares. Ese es, sin duda, nuestro mayor logro.

No se trata solo de curar una condición dermatológica. Se trata de devolverle a alguien una parte de su dignidad, de su confianza. Y, cuando eso ocurre, uno recuerda por qué eligió esta profesión.

 

¿Cómo ha visto evolucionar la dermatología en Panamá?

La dermatología ha cambiado de forma radical en los últimos 30 años. Cuando me gradué, la especialidad no era popular; de hecho, muchos la consideraban una rama menor. Recuerdo perfectamente a uno de mis profesores decirme que el mejor tratamiento para la piel era “agua y jabón”. No existía la noción de cuidado estético, ni bloqueadores solares. En México, donde estudié, nos enfocábamos en enfermedades tropicales, lepra y micosis. Nadie hablaba de belleza. Nadie hablaba de bienestar. Pero yo sentía curiosidad. En mi último año de especialidad, empecé a estudiar cosmetología en el Centro Cosmético de Occidente, en Guadalajara. Me apasionó. Mis profesores lo desaprobaron, me criticaron públicamente… incluso me sancionaron. Pero como el tiempo libre era mío, seguí estudiando. Desde entonces, tomé cada curso que pude sobre estética, viajé a congresos en México, Centroamérica y Sudamérica. Cuando llegó el primer láser dermatológico a Panamá, en 1999, fui parte del primer grupo en capacitarse. Desde entonces no he dejado de practicar tratamientos con láser. Hoy, 26 años después, eso que parecía un desvío es parte esencial de mi práctica.

La dermatología en Panamá ha dado un salto extraordinario. Hoy es una de las especialidades más competidas, con subespecialidades como la estética, la tricología y la cirugía dermatológica en auge. Se forman dermatólogos de altísimo nivel, tanto en el Ministerio de Salud como en la Caja del Seguro Social. Existen más de 20 marcas dermocosméticas de alto nivel en el país, y contamos con tecnologías que antes parecían ciencia ficción: bioestimuladores, toxinas botulínicas, láseres avanzados, péptidos biomiméticos…

Ver esta evolución ha sido como vivir un sueño. Y ser parte de ese cambio, desde sus inicios, ha sido uno de los mayores privilegios de mi carrera.

ClinicPiel ahora cuenta con una nueva generación de doctoras. ¿Cómo ha sido ese proceso de formar, guiar y ceder espacio a nuevas profesionales?

Desde el inicio de mi carrera supe que enseñar iba a ser parte de mi camino. Tal vez porque cuando llegué a Panamá, recién formada en México, nadie me ofreció esa oportunidad.

Así nació ClinicPiel. No solo como un espacio para tratar pacientes, sino como un lugar de formación y acompañamiento. Desde los primeros años, jóvenes dermatólogos rotaban con nosotros, aprendiendo técnicas estéticas, láseres, pero sobre todo una forma de ejercer la medicina que pone el trato humano en el centro.

Con el tiempo, incluso logramos alianzas con instituciones como el Hospital Santo Tomás para que sus residentes hicieran una rotación final con nosotros, enfocada en áreas que muchas veces no se cubren en entornos hospitalarios.

Formar a otros médicos no ha sido un acto de generosidad: ha sido una convicción. Creo firmemente que el conocimiento no se guarda, se comparte. Ceder espacio no ha sido un sacrificio, ha sido un acto de fe en el futuro.

Hoy ClinicPiel está lleno de nuevas voces. Doctoras jóvenes, brillantes, comprometidas. Cada una con talentos únicos, pero todos unidas por los mismos valores. Me emociona ver cómo se apoyan entre sí, cómo consultan, cómo se hacen mejores cada día. Me recuerdan por qué valió la pena cada etapa de este recorrido.

También me enseñan a mí. Tienen una forma distinta de vivir la medicina: más equilibrada, más consciente. Como mentora, no solo he tenido la alegría de guiarlas, sino también de crecer con ellas. Y eso, en esta etapa de mi vida, es un regalo.

¿Qué cualidades destaca de esta nueva generación de médicas que continúa su visión?

Lo primero que quiero dejar claro es que estas jóvenes no están aquí por casualidad. Cada una pasó por un proceso riguroso y altamente competitivo para entrar a la especialidad de dermatología. Una de las más codiciadas en la medicina actual.

Pero lo que más me impresiona no es su currículum, sino su actitud. Tienen una ética de trabajo admirable: estudian, preguntan, analizan. Manejan la teoría con profundidad, y están puliendo la práctica con una dedicación que me llena de orgullo. No solo continúan mi visión; la están superando. Tienen una mirada fresca y un compromiso profundo con sus pacientes. Verlas en consulta, me da una tranquilidad inmensa.

Son brillantes, sí. Pero más importante aún: son profundamente humanas. Y eso es lo que realmente asegura el futuro de ClinicPiel.

¿Cómo se asegura ClinicPiel de mantener la excelencia médica al integrar nuevas voces y estilos de liderazgo?

La excelencia no se sostiene solo con tecnología ni con títulos; se sostiene con cultura. Y en ClinicPiel, esa cultura está profundamente enraizada en la ética, la curiosidad médica y el respeto mutuo.

En los últimos años, he empezado a ceder espacio. No solo en el plano médico, sino también en lo administrativo. Este proceso también se ha fortalecido con la incorporación de mis hijos al área administrativa. Su visión, más contemporánea, ha contribuido a construir una cultura interna más horizontal, más colaborativa. Ellos no solo entienden el lenguaje de sus colegas médicos, sino que han tejido una comunidad basada en el respeto, el aprendizaje constante y la búsqueda genuina de mejorar.

Hoy, ClinicPiel es un equipo intergeneracional que aprende en ambas direcciones. Cada quien aporta desde su experiencia y su mirada. Eso es lo que permite que el liderazgo evolucione sin romper con lo que nos hace únicos.

¿Qué consejo le daría a los que desean seguir una carrera en dermatología, especialmente en el ámbito estético?

Siempre les digo lo mismo: estudien antes de tocar una cara.

La estética no es maquillaje bonito ni redes sociales. Es anatomía, ciencia, técnica, y una enorme responsabilidad. El rostro de un paciente es su identidad, y ganarse su confianza es un privilegio que hay que honrar con preparación.

Mi consejo para quienes inician es que practiquen en un entorno seguro: con amigas, con familiares, sin cobrar, solo con el propósito de aprender. La teoría es indispensable, pero es en la práctica (en los errores y aciertos) donde realmente se forma una ética y competente.

Muchas veces he servido de conejillo de indias para mis doctores en formación. Me he dejado inyectar, pinchar, corregir. Porque nada enseña más que tener a alguien al lado que te diga con claridad: esto está bien, esto se puede mejorar. Esa retroalimentación en tiempo real es invaluable.

Y si hay algo que deben grabarse desde el primer día es esto: nunca dejen de aprender. La medicina estética cambia cada año, cada mes, a veces cada semana. Siempre habrá nuevas técnicas, nuevas moléculas, nuevas formas de abordar la salud y el bienestar. La clave está en mantenerse curiosos.

¿Cómo visualiza el futuro de ClinicPiel en manos de esta nueva generación?

Cuando pienso en el futuro de ClinicPiel, lo hago desde la alegría de saber que este mes de septiembre celebramos 30 años de fundación.

Hoy ya somos una clínica con historia, con trayectoria, con un nombre que inspira confianza. Pero con el talento joven que tenemos dentro, entendimos algo muy claro: esto apenas está empezando. Ahora viene la etapa de crecimiento, de expansión.

Queremos ampliar nuestros espacios, traer nuevas tecnologías, optimizar cada detalle para que nuestras doctoras no solo tengan lo necesario para ejercer bien… sino para hacerlo con orgullo y comodidad. Que ClinicPiel siga siendo sinónimo de excelencia médica, pero también de bienestar laboral.

Yo no tengo ninguna duda: esta nueva generación va a llevar ClinicPiel más lejos de lo que jamás imaginé. Tienen el conocimiento, la energía, la ética y la mirada fresca que el mundo necesita. Y desde la administración, mi papel ahora es claro: apoyar. Darles el impulso, los recursos y la confianza que necesitan para despegar. Porque cuando el talento está listo para volar, lo único que se necesita… es una pista digna de ese vuelo.