Desde la exploración consciente de los materiales hasta la revalorización de saberes ancestrales, Cathy Bolívar, creadora de Indigo Tropical, ha trazado un camino donde el diseño textil se entrelaza profundamente con la naturaleza y la identidad panameña. Su trabajo con plantas tintóreas no solo transforma telas, sino también la manera en que entendemos el color, el tiempo y la sostenibilidad.
Vi que empezaste en 2021 con este proceso, ¿cómo nació tu interés por trabajar con plantas tintóreas y técnicas naturales de estampado en textiles?
Antes de los tintes naturales tuve una marca de accesorios con textiles reciclados y luego una línea de productos sostenibles para el hogar. En ese proceso entendí algo clave: aunque el producto final podía ser funcionalmente sostenible, los materiales y procesos que lo hacían posible no siempre lo eran. Esa contradicción despertó en mí una incomodidad, pero también despertó mi curiosidad y fue entonces cuando me hice la pregunta que transformó mi camino: ¿Cómo puedo hacer que mis textiles sean realmente sostenibles? Así descubrí el mundo de los tintes naturales y sus diversas técnicas. Entendí que el color podía venir directamente de la tierra, de las plantas, y que existía un conocimiento ancestral detrás de ello.
Así nace Tropical Indigo (*Indigo tropical o Indigofera sufrruticosa, planta que se da en nuestro territorio de la cual se extrae el color azul uno de los más difíciles de encontrar en la naturaleza) como una búsqueda por crear desde nuestra tierra, honrando lo que somos.
¿Cómo es el proceso desde la recolección de las plantas hasta el resultado final en el textil? ¿En qué consiste tu proceso creativo?
Lo primero siempre es preparar la tela, limpiarla y mordentarla y, dependiendo de la técnica, el proceso puede ser más o menos experimental. En el caso del estampado con tintas mordientes que es el que utilizo mayormente en mi trabajo, el proceso es más estructurado, en este me inspiro en motivos del legado pictórico de la cultura de “El Gran Coclé” y con estos símbolos creo estampas más contemporáneas. A partir de ahí desarrollo patrones, jugando entre lo simple y lo complejo, apoyándome también en herramientas digitales que me permiten visualizar la composición a escala.
Otras veces utilizo técnicas más libres como la pintura libre con pincel sobre la tela dejando que el tiempo, la oxidación y el color hagan su parte.
El estampado botánico tiene algo de alquimia: cada hoja y cada flor deja una huella irrepetible. ¿Qué te fascina más de ese diálogo entre naturaleza, tiempo y materia?
Lo que me parece más fascinante es lo que aprendo de los procesos naturales. Ver que desde hacer el semillero hasta poder recolectar el material tintoreo pueden pasar años y observar cómo el suelo, el agua y los ciclos invisibles que sostienen la vida pueden afectarnos tanto a nosotros como a una planta, son hechos que realmente han cambiado mi forma de ver el mundo.Trabajar con tintes naturales me ha enseñado a ir más lento, a observar, a escuchar los gestos de la naturaleza a través del agua, la luz y el aire que hacen que cada planta y cada resultado sea irrepetible.
¿Qué hace única a la técnica de estampado botánico o natural que utilizas?
Trabajo principalmente con tintas naturales y técnicas ancestrales, pero mi búsqueda siempre ha sido llevarlas a un lugar contemporáneo y rescatando nuestra identidad cultural.
Por eso decidí incorporar los motivos de la cultura de “El Gran Coclé”, reinterpretándolos desde el diseño textil actual. No se trata de replicar, sino de dialogar con ese legado y darle una nueva vida.
Esa mezcla entre naturaleza tropical, ancestralidad, identidad istmeña y diseño contemporáneo es lo que le da a mi trabajo un carácter propio y una conexión con Panamá.
¿Hay alguna planta panameña que produzca resultados sorprendentes en tus diseños?
Como parte de mi investigación de “Plantas tintoreras de Panamá” he estado trabajando de cerca con la Chisná, la planta con la que se tiñen las fibras del “Sombrero Pintao”, su color un rojo intenso que se oscurece en el barro bajo la luz de la luna, es un proceso que parece casi mágico, pero en realidad es tradición y conocimiento ancestral.Mi mayor sorpresa a travez de la Chisná, fue entender que el color no solo se extrae, también se transforma y que no lo hace por sí solo, sino que interactúa con otros elementos naturales como la tierra, la humedad y el tiempo, un ritual vivo.
¿Qué mensaje buscas transmitir sobre el cuidado del medio ambiente a través de tu trabajo?
Quiero hablar sobre la preservación de la naturaleza a través de los textiles, utilizando tintes naturales y plantas de Panamá como lenguaje vivo. A través de mi trabajo busco inspirar a otros a conectar con la naturaleza, a apreciar nuestra biodiversidad y así despertar una necesidad genuina por preservarla. No se trata solo de teñir sin contaminar, sino de cuestionar nuestros patrones de producción y consumo.
En un momento en que la moda y el diseño buscan ser más sostenibles, tu trabajo propone una vuelta a procesos más orgánicos. ¿Qué papel crees que pueden tener las técnicas naturales en el futuro del diseño textil?
Más que una tendencia, creo que las técnicas naturales son una necesidad, ya que abren la posibilidad de replantear la forma en que diseñamos, producimos y consumimos, invitándonos a valorar los tiempos, los recursos y los procesos.
No es solo mostrar diseño orgánico o natural, es intencionalmente generar una conversación y un cambio de pensamiento en cuanto a los recursos finitos y sostenibilidad real, inspirando a otros a crear desde lo local, desde lo consciente y desde el respeto por lo vivo.
¿Qué has aprendido de las plantas y de los procesos naturales desde que comenzaste a trabajar con ellas?
He aprendido a observar, a esperar y a documentar.
Pero sobre todo he aprendido a maravillarme. A entender que todo está conectado: las plantas, el suelo, el agua, los ciclos que no vemos pero que sostienen la vida.
Mirando tu trayectoria, ¿qué descubrimientos -sobre las plantas, los colores o incluso sobre ti misma
– te ha dejado este camino artístico?
Sumergirme en este mundo de plantas y colores de Panamá me ha llevado a apreciar aun más lo rica que es nuestra tierra, con una biodiversidad impresionante y una historia que merece ser contada desde lo que sí somos. Somos un puente natural que al emerger unió a un continente, separó los océanos y cambió el clima global y el mundo para siempre. También me ha llevado a cuestionar narrativas dominantes, como la idea de que el extractivismo es desarrollo. Hoy creo firmemente que preservar es una forma más inteligente y consciente de avanzar.
¿De qué manera tu trabajo dialoga con la identidad cultural y la biodiversidad de Panamá?
A través de mi trabajo busco resaltar la identidad de nuestra tierra y promover una relación más consciente, ética y respetuosa con nuestros recursos naturales. Trabajo con motivos precolombinos de la cultura del Gran Coclé que nos acercan a su esplendido arte y cosmovisión centrada en la preservación de su entorno y su conexion con la naturaleza.
¿Consideras que estas técnicas ayudan a rescatar saberes tradicionales o ancestrales?
Más allá de rescatar, creo que ayudan a reactivar y mantener vivos estos saberes que a su vez nos ayudan a reconectarnos con la naturaleza y nos acercan a otras formas más amables y consientes de cohabitar, dando valor a nuestra identidad cultural y a nuestra importancia como puente biológico. En cada taller, pieza o tinte mi intención siempre es la misma motivar a otros a conectar con su raíz y el entorno natural del que son parte.
¿Qué desafíos implica trabajar con tintes y procesos naturales en comparación con otros métodos?
Trabajar con tintes naturales no es solo una decisión estética, también es una postura ética que implica respetar los tiempos, soltar el control y comprobar la autenticidad de la materia. A diferencia de los métodos industriales, la elaboración textil con tintes naturales es un proceso vivo, en el que una misma planta no muestra exactamente el mismo color de una región a otra, en entornos o estaciones diferentes, e incluso el agua también puede afectar los resultados. Para mí el desafío más grande ha sido aceptarlo tal cual es no intentar ofrecer cualidades de un producto industrial en uno natural porque son cosas totalmente distintas. Sabemos que el poliéster es indestructible y que no se degrada por eso su color no cambia, sin embargo, una pieza natural puede cambiar su tono con el tiempo y siempre puede reavivar su color, es simplemente una forma diferente de ver el mundo y la forma en que consumimos.
Trabajar con tintes y procesos naturales no es solo una decisión estética, sino también ética. A diferencia de los métodos industriales, la elaboración textil con tintes naturales es un proceso “VIVO” en el que el resultado varía según la planta, la región, la estación e incluso el agua utilizada, por lo que no existen colores totalmente predecibles ni repetibles. Uno de los mayores desafíos es no intentar trasladar expectativas de la industria, como uniformidad o permanencia absoluta a lo natural, entendiendo que son lenguajes distintos: mientras materiales como el poliéster mantienen su color de forma casi inalterable, las fibras teñidas naturalmente pueden transformarse con el tiempo, lo que plantea otra manera de comprender el uso, la durabilidad y nuestra relación con lo que consumimos.
¿Qué proyectos o exploraciones te gustaría desarrollar próximamente con plantas tintóreas?
A corto plazo, estoy por lanzar un ciclo de talleres durante los meses de mayo y junio enfocados en técnicas de estampación textil con pinturas textiles naturales. Enseñaré lo técnico sobre cómo crear patrones textiles, cómo desarrollar sus propias estampas y cómo preparar las tintas naturales y la tela. Será un espacio de conexión donde los participantes podrán entender el origen del color y su composición y comportamiento.
A mediano plazo, uno de mis grandes objetivos es publicar un libro que recoja mi investigación sobre las plantas tintóreas de Panamá, no solo como un registro técnico, sino como una forma de visibilizar y dar valor a este conocimiento.
También estoy trabajando hacia la creación de un jardín de plantas tintóreas: un espacio vivo, educativo y comunitario, donde las personas puedan aprender directamente desde la experiencia, entendiendo los ciclos y el cultivo de cada planta.
A largo plazo, me interesa seguir explorando el uso de fibras locales como materia prima para el desarrollo de textiles, con la intención de construir propuestas cada vez más integrales, que nazcan completamente desde nuestro territorio.















