Pese a que Panamá es un territorio muy diverso étnicamente, el país debe crecer en muchos aspectos relacionados con temas raciales.

 

Pero su historia va más allá del éxito en la industria. En cada paso, su narrativa también cuestiona los estándares de belleza y las estructuras sociales que históricamente han limitado la visibilidad de mujeres afrodescendientes en Panamá. Desde su experiencia, deja en evidencia una realidad que aún incomoda: la de un país diverso que sigue enfrentando retos profundos en torno al racismo y la representación.

Su llegada a Nueva York no solo significó una oportunidad profesional, sino también un contraste revelador. En una de las capitales más diversas del mundo, encontró un espacio donde su identidad no era cuestionada, sino parte del todo. Ese contraste le permitió mirar hacia su país con una nueva perspectiva, reafirmando la importancia de abrir conversaciones necesarias sobre inclusión, identidad y pertenencia.

Con disciplina, fe y una claridad firme sobre quién es y de dónde viene, ha logrado posicionarse en una industria altamente competitiva sin renunciar a su esencia. Su historia no responde a un molde tradicional: es orgánica, impulsada por la intuición, el apoyo familiar y una convicción profunda de que los sueños también se construyen desde la incertidumbre.

Más que una modelo, es una voz que representa, incomoda y, sobre todo, inspira a una nueva generación a ocupar espacios, a redefinir narrativas y a reconocerse como parte de una belleza diversa, real y poderosa.

Desde Colón hasta las exigentes pasarelas de Nueva York, esta modelo panameña ha construido una historia marcada por la fe, la resiliencia y el orgullo de su identidad afrodescendiente. Criada en una comunidad donde la familia se extiende más allá de la sangre, su camino hacia la moda internacional no fue planeado, pero sí profundamente impulsado por quienes creyeron en su potencial incluso antes que ella misma. Hoy, su voz y su presencia trascienden la pasarela, convirtiéndose en un símbolo de representación, fortaleza y cambio para nuevas generaciones.

¿Dónde naciste? 

Nací en la provincia de Colón, me crié en Residencial Los lagos (La Feria), puedo decir que algo bendecida porque mi familia estaba muy bien, con trabajo estable y demás, llena de amor, del amor y cariño de mi familia. Algo que solo he visto en Colón es que los vecinos se vuelven familia, a veces más que la de sangre. Tengo personas que adoro y que siempre han estado conmigo.

¿Qué recuerdos guardas de tus primeros pasos en Panamá dentro de la industria de la moda?

Curioso, mi tío Pedro había mandado una foto mía a una agencia de modelos en Panamá por el antiguo Twitter y nadie le respondió. Luego conocí a Marcos, un chico de una agencia en Colón que me estaba llevando a eventos de modelaje. Luego, mi tío Pedro volvió del extranjero y me vio de nuevo y me dijo: “eres esqueléticamente hermosa”, y ellos me llevaron a una agencia de modelos importante en Panamá, Physical, y ahí me firmaron e hice con ellos mis primeros desfiles.

¿Cómo descubriste tu vocación por el modelaje y qué te impulsó a dar el salto internacional?

Lo descubrieron por mí, ja, ja, ja; nunca me había visto como modelo, a pesar de que me llamaba la atención. Me inscribí en el Colón Next Top Model y gané. Hasta ahí no tenía ningún plan de irme para ninguna parte.

En ese lapso, mi tío Pedro, obsesionado conmigo, empezó a mandar fotos mías a todas las agencias del mundo; algunas respondieron que debía tener 16 años y yo tenía 14. A los años, conocí al que fue mi primer agente internacional en Panamá, quien me conectó en Nueva York con mi actual agencia, y ya lo demás es historia.

¿Hubo algún momento decisivo que marcó tu camino hacia Nueva York?

Sí, varios momentos, pero más que todo fue una acumulación de decisiones donde elegí creer en mí incluso cuando no todo era seguro. Recuerdo ese punto en el que entendí que, si quería crecer de verdad, tenía que salir de mi zona cómoda. Panamá siempre será mi casa, pero Nueva York representaba ese reto que me iba a transformar. También hubo un momento muy claro donde decidí dejar el miedo a un lado, el miedo a lo desconocido, a empezar de cero, a no saber qué iba a pasar y cambiarlo por fe y determinación. Nueva York no llegó por casualidad, llegó porque tomé la decisión de apostar por mi sueño, incluso sin tener todo resuelto.

¿Qué significa para ti ser una modelo afrodescendiente panameña en una ciudad tan diversa como Nueva York?

Creo que esta pregunta debe estar más enfocada en qué significa para mí ser una mujer afro y colonense que haya salido de Panamá cuando en el país nos ven como personas que no representamos lo que se entiende como lo bello.

Pese a que Panamá es un territorio muy diverso étnicamente, el país debe crecer en muchos aspectos relacionados con temas raciales y en este en particular, porque yo en Nueva York soy una más, pero en Panamá, en mi casa, el lugar de donde soy, observo que debemos seguir trabajando para romper estos estigmas. Es muy triste ver que en un país como Panamá aún se hable sobre lo “sano” que es llevar el pelo natural.

Entonces, considero que debemos analizar como país cómo aún mantenemos y toleramos el racismo sistémico.

Por eso, me siento tan orgullosa de poder levantar mi voz y ser un humilde referente de jóvenes a quienes les han dicho que no son bellas. Porque sí lo son y merecen verse y sentirse representadas en todos los espacios.

¿Has sentido que tu identidad cultural influye en la forma en que trabajas y te proyectas en la moda?

Por supuesto que sí, empezando por mi cabello. Soy una mujer negra, colonense, que disfruta el sol, que sonríe, que disfruta la música. Y eso se refleja en mi caminata; cuando hago un trabajo de fotos, mi sazón habla por mí. Claro que donde sea que vaya, llevo mi cultura colonense en mi corazón y en todo lo que soy. Porque no hay Hilary sin Colón y no hay Colón sin Hilary, ya que, al ser una mujer afrocaribeña y afrolatina, esto marca de forma fuerte mi identidad.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que enfrentaste al insertarte en la industria neoyorquina?

El vivir lejos de mi familia tan joven. Llevar a la realidad todos los consejos que me dieron mi mamá y mi abuela, ya que uno se enfrenta a muchas cosas y debe tener su postura firme frente a ellas.

¿Qué aprendizajes te ha dejado trabajar en una de las capitales mundiales de la moda?

El ser yo misma. Me ha enseñado a ser resiliente, a ser paciente, a tragar saliva cuando las cosas no salen como quiero. Me ha aportado cultura, clase, por qué no decirlo. Siento que son personas distintas: la que llegó, la que vive aquí y la que se irá en algún momento. Pero siempre con Dios en mi corazón y la humildad que me enseñaron en mi casa.

¿Hay alguna pasarela, campaña o colaboración que consideres un hito en tu carrera?

Claro que sí: ver mi rostro en Fenty, ser la primera modelo negra en Macy’s en una campaña por los 150 años, la primera panameña en Dior. 

Fue un trabajo súper especial en el que modelé una colección de joyas que pertenecían a una familia presidencial de Estados Unidos.

¿Cómo equilibras tu vida personal con las exigencias del modelaje?

Siendo yo misma. Teniendo mis esperanzas en Dios. Enfocada en lo que debo hacer. Siempre con la mente en dejar a Colón y a Panamá en el lugar que corresponde. Creo y considero que cuando tienes un objetivo claro, puedes llevar cualquier desafío adelante.

¿Qué valores o rutinas te ayudan a mantenerte enfocada y resiliente en un entorno tan competitivo?

Ser de Colón me ha hecho una mujer fuerte. Cuando naces con carencia de todo, en un entorno social en el cual no esperan nada de ti ni de tu gente, aprendes a ver toda oportunidad como un trampolín que debes aprovechar. Por supuesto, el primer y gran valor que llevo siempre conmigo es la oración y, por supuesto, mi Biblia.

¿Qué papel juega tu familia y tu comunidad en tu éxito?¿Tú puedes imaginarte un equipo de fútbol?

Pues esa es mi familia en mi vida. Son la piedra angular de todo lo que hago. El recuerdo de mi abuela siempre está conmigo. Colón es todo para mí: mi cultura, mi esencia misma. Mi gente es mi éxito.

¿Para qué diseñadores has modelado? ¿Cómo han sido estas experiencias?

He modelado para muchos diseñadores, pero en esta oportunidad voy a hablar de los nuestros, de los míos: Tony Vergara, Pilar Sáez, mi primera pasarela de toda la vida; Ana Francesca, Alexandra Grau, Helen Breebaart, Jean Decort. 

La experiencia es maravillosa y creo que la moda panameña está en disposición de poder competir con cualquier mercado. Tenemos textiles, diseños y arte en los que debemos confiar y explotar.

¿Hay alguna experiencia que te haya dejado especialmente marcada?

En realidad, las experiencias que me han dejado marcada son más bien choques culturales al inicio de mi carrera: el enfrentarme a otros idiomas, culturas, climas, comidas y horarios.

¿En qué consiste tu rutina de belleza, entrenamiento y alimentación?

Mi rutina de belleza es: dormir 8 horas, tomar mucha agua, colocarme aceite de coco. Yo personalmente no como nada con azúcar. Corro 10 kilómetros diarios y sonrío mucho. La sonrisa es el mejor embellecedor del rostro.

¿Qué metas profesionales te gustaría alcanzar en los próximos años?

Modelar en Victoria´s Secrets, hacer algunas revistas muy importantes, volver a Europa y volver a modelar en el Panamá Fashion Week.

¿Cómo imaginas que tu trabajo puede inspirar a nuevas generaciones de modelos afrodescendientes en Panamá y América Latina?

De muchas maneras, así como Naomi me inspiró a mí; Imán y todas las grandes modelos de mi raza. Yo creo que mi experiencia de vida, igual que la de otras hermanas negras como las modelos afrodominicanas, las afrobrasileñas, las afrocolombianas, en fin, todas las afrolatinas, en especial yo, al ser la única afropanameña, luchamos para que cada día se normalice la belleza afro. Creo que no solo debemos dejarle esa responsabilidad a la moda. 

Creo y pienso que debemos empezar a transformar el sistema social en Panamá y dejar de lado el racismo sistémico que afecta y empobrece a las personas negras y racializadas. Esto nos condena a la violencia, pobreza y necesidad. Quiero que las chicas vean en mí un ejemplo y un referente. El cielo es el límite y, como mujer negra, naciste con una escalera que se llama la resistencia y fortaleza de nuestros ancestros para seguir luchando y que nadie te cierre la puerta, porque si lo hacen, te metes por la ventana.

Si pudieras dar un consejo a jóvenes que sueñan con seguir tus pasos, ¿cuál sería?

Que en el camino hay piedras y espinas, por lo que te debes poner un zapato nombrado fe para romper toda maldición y negatividad para salir adelante. Tú puedes con todo.