El diseño de muebles fue una extensión lógica de mi trabajo visual: pasé de observar y documentar formas a construirlas y así fue como cree mi marca.

Por Lucía Domínguez  Fotos cortesía de Lina Saubone

 

Cuéntanos de tus inicios: naciste en Panamá, ¿en qué momento te fuiste? ¿Con qué intención?

Nací en Ciudad de Panamá y crecí rodeado de una mezcla muy rica de culturas, naturaleza y contrastes. Desde muy joven sentí una conexión fuerte con lo visual: la luz, los espacios y la manera en que el entorno puede influir en lo que uno siente.

A principios de los años 2000 apareció en mí una necesidad profunda de salir, descubrir el mundo y ponerme a prueba creativamente. En 2005 me mudé a Nueva York con la intención de explorar, aprender y expandir mi visión, entendiendo hasta dónde podía llevar mi sensibilidad artística dentro de un contexto más exigente, dinámico y global.

Cuéntanos de tu formación como artista. Sabemos que organizabas eventos en Estados Unidos hasta que en 2008 le diste un giro a tu carrera hacia la fotografía de ambientes.

Estudié Artes Visuales en NYU y en Cooper Union, pero mis primeros años profesionales en Estados Unidos estuvieron muy ligados a la producción de eventos y experiencias. Ese mundo me dio una comprensión muy clara del espacio, la atmósfera y cómo se construye una narrativa visual capaz de generar emoción.

En 2008 sentí la necesidad de expresarme de una manera más íntima y silenciosa, de explorar mi lado más artístico con mayor profundidad, y fue entonces cuando la fotografía se convirtió en mi lenguaje. En realidad, fue una transición muy natural: yo ya estaba creando escenarios y universos, solo que en lugar de producirlos para un evento, empecé a capturarlos desde una mirada más personal, entre mis viajes y la energía constante de Nueva York.

¿Cómo fue tu transición entre la fotografía y el diseño de muebles que se da en 2016?

La fotografía me entrenó el ojo: la composición, la luz, el volumen, en 2016 entendí que quería ir más allá de la imagen y crear objetos reales, tangibles, que habitaran los espacios que yo imaginaba. No quería que mi arte viviera solo en las paredes sino con las personas. El diseño de muebles fue una extensión lógica de mi trabajo visual: pasé de observar y documentar formas a construirlas y así fue como cree mi marca JGHOMELIVING.

¿Qué significa para ti regresar a Maison & Objet diez años después de haber recibido el Rising Talent Award?

Es profundamente simbólico. Maison & Objet marcó un antes y un después en mi carrera. Volver diez años después no es solo regresar a una feria, es volver con una identidad mucho más clara, con un lenguaje propio y con la seguridad que te da el tiempo, el error y la experiencia.

¿Qué retos enfrentaste como primer diseñador panameño y latinoamericano en presentarte en una feria de esta magnitud?

El mayor reto fue la visibilidad y la credibilidad. Venir de Panamá y de Latinoamérica implica romper ciertos prejuicios y demostrar que el diseño de nuestra región puede dialogar al mismo nivel con Europa o Estados Unidos. También fue un ejercicio de resistencia: mantenerse fiel a una visión propia sin intentar encajar en moldes ajenos.

¿Cuál es la inspiración detrás de la colección 2026 de JG Home Living?

Esta colección trata sobre un poder silencioso. Las siluetas son limpias y arquitectónicas, pero cada curva es intencional: está diseñada para sentirse como una escultura con la que realmente puedes convivir. Me enfoqué en la artesanía, el confort y materiales atemporales, porque quiero que cada pieza perdure  emocional y físicamente. No se trata de tendencias… se trata de crear íconos modernos para el hogar

¿Qué materiales y procesos destacan en estas nuevas piezas?

Trabajamos con maderas nobles, piedra, textiles naturales y acabados artesanales. Me interesa mucho el proceso manual, el tiempo invertido en cada pieza y la imperfección controlada. Cada objeto cuenta la historia de cómo fue hecho.

¿Cómo logras equilibrar la expresión artística con la funcionalidad en tus diseños?

Para mí no están separadas. La funcionalidad también puede ser poética. Empiezo siempre desde la emoción, pero el objeto debe servir, debe acompañar la vida cotidiana. Cuando una pieza funciona bien y además provoca algo emocional, ahí está el equilibrio.

¿Qué papel juegan las referencias arquitectónicas y las formas escultóricas en tu propuesta estética?

Son fundamentales. Me inspiran mucho la arquitectura brutalista, los volúmenes puros y la escultura. Mis piezas suelen leerse casi como pequeñas arquitecturas: sólidas, silenciosas, con presencia.

¿Cómo te aseguras de que tus piezas tengan una durabilidad atemporal además de un impacto visual inmediato?

Evito las tendencias pasajeras. Me concentro en proporciones, materiales honestos y formas que puedan envejecer bien. La atemporalidad viene de la coherencia y del respeto por el objeto.

Vives entre Portugal y Nueva York, ¿cómo descubriste Portugal? ¿Ocurrió en pandemia?

Hoy vivo entre París y Lisboa. Viajo a Nueva York por reuniones de trabajo, pero después de 16 años en Manhattan decidí en 2020 mover mi base principal a Europa.

Portugal llegó a mi vida en 2016, cuando empecé a viajar cada año invitado por el gobierno y por distintas marcas para colaborar y dar charlas durante la Portugal Home Week. A partir de ahí la relación se volvió cada vez más cercana, hasta que en 2017 comencé la producción de mi marca en el país.

Durante la pandemia, en marzo de 2020, me quedé “atrapado” en un viaje que inicialmente debía ser de solo dos semanas… y terminé viviendo dos años en Portugal. Fue casi una revelación. Encontré una conexión muy profunda con el ritmo, la luz y la manera de vivir.

Hoy Portugal es un lugar clave en mi proceso creativo: aquí tengo mi oficina, showroom y dos apartamentos, y paso gran parte del año trabajando desde este entorno. La otra mitad del tiempo la paso en París, donde también tengo mi oficina y apartamento. París es una ciudad que me inspira muchísimo y desde donde presento y proyectamos la marca a nivel mundial.

Cuéntanos sobre el documental que están haciendo sobre ti.

El documental es un retrato muy íntimo de mi recorrido personal y creativo. No solo habla de diseño, sino de fe, identidad, raíces y transformación. Es una mirada honesta a los procesos internos que no siempre se ven en el resultado final está siendo producido por talento 100% Panameno por STAFF PTY, hemos filmado en Porto, Lisboa, Paris, Panama, New york City 

¿Qué mensajes puedes dar a los jóvenes diseñadores latinoamericanos que buscan abrirse camino en la escena internacional?

Que no intenten parecerse a nadie más. Nuestra identidad es nuestra mayor fortaleza. El camino internacional no es inmediato ni fácil, pero la disciplina, la coherencia y la autenticidad abren puertas. Y, sobre todo, que confíen en su voz.

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