Aprendiendo a vivir desde otra perspectiva

 

“Estar saludable no significa tener control sobre todo. Enfermarte no significa que hiciste algo mal, incluso cuando cuidas muchísimo tu cuerpo”.

 

Por Lucía Domínguez  Fotografías Federico Galbraith

 

Una pequeña bolita en el pecho cambió por completo la vida de Marelissa Him. Acostumbrada a exigirse al máximo, nunca imaginó que recibiría un diagnóstico de cáncer de mama en etapa 3. De un día para otro tuvo que aprender a convivir con la ansiedad, a escuchar a su cuerpo y encontrar fuerzas para atravesar una de las experiencias más difíciles de su vida.

En ese camino, el amor de su familia y de su pareja se convirtió en un refugio, mientras compartir su proceso en redes sociales, le permitió conectar con otras mujeres que enfrentaban sus propias dudas e incertidumbres. 

La experiencia también transformó su manera de entender la salud, el éxito y las prioridades: descansar dejó de ser una debilidad, los números perdieron importancia y la necesidad de estar siempre produciendo dio paso a una vida más consciente.

Hoy, Marelissa mira hacia adelante con el deseo de reencontrarse con los medios, la televisión y las redes desde una perspectiva diferente. No quiere que el cáncer defina quién es, sino que forme parte de su historia. Una historia de vulnerabilidad, aprendizaje y libertad, en la que recuperar la salud también significa recuperar el derecho a vivir a su manera.

Cuando recuerdas el instante en que descubriste aquella pequeña bolita, ¿qué es lo primero que vuelve a tu mente?

Lo pequeña que era. Jamás imaginé que algo tan pequeño pudiera cambiar tantas cosas. Yo me sentía bien, estaba entrenando y haciendo mi vida normal. Nunca pensé inmediatamente en cáncer.

En ese momento llevabas una vida muy activa, entrenabas y te sentías saludable. ¿Qué significó para ti descubrir que podías estar enfrentando una enfermedad seria aun cuando sentías que estabas haciendo “todo bien”?

Fue entender que estar saludable no significa tener control sobre todo. Yo cuidaba muchísimo mi cuerpo y aun así me pasó. Y aprendí algo importante: enfermarte no significa que hiciste algo mal.

Cuando los médicos te dijeron que se trataba de un cáncer de mama en etapa 3 y agresivo, ¿qué fue lo primero que necesitaste hacer para no dejarte paralizar por el miedo?

Sentí miedo, muchísimo. Pero también supe que era momento de tomar acción y dejar el miedo a un lado. Necesitaba entender qué venía, organizarme y enfocarme en el siguiente paso. No podía controlar el diagnóstico, pero sí podía decidir cómo iba a enfrentarlo.

¿Hay algo que antes exigías de tu cuerpo y que hoy ya no estás dispuesta a exigirle?

Que funcione perfecto todos los días. Antes podía estar cansada y aun así entrenaba o trabajaba. Hoy escucho mucho más a mi cuerpo. Descansar también es cuidarme.

Después de todo lo vivido, ¿qué significa para ti hoy la palabra “salud”?

Antes era rendimiento: correr, entrenar, tener energía. Hoy es mucho más simple: despertarme bien, estar con la gente que amo, poder moverme, trabajar, reírme y también descansar.

¿Qué papel tuvieron tu familia y tu pareja durante este proceso?

Fueron mi red de seguridad. Mi mamá y Aldo, mis tías, papá, abuela, ufff estuvieron conmigo en los días buenos y en los que no tenía ganas de hablar ni de ser fuerte. Tener personas que simplemente están ahí, vale muchísimo.

¿Por qué decidiste contar algo tan íntimo públicamente?

Porque esconderlo me parecía más difícil que contarlo. Y porque descubrí que muchas mujeres tenían preguntas o miedos que no sabían cómo expresar. Si compartir mi experiencia hace que alguien se sienta menos sola, para mí vale la pena.

¿Hubo algún mensaje de una persona desconocida que te haya marcado especialmente?

Los que me dicen: “Gracias por mostrar esta parte que normalmente nadie muestra”. Porque en redes vemos mucho el antes y el después, pero no todo lo que pasa en medio. Saber que alguien se sintió acompañada por eso, me toca muchísimo.

¿Cómo cambió tu relación con el trabajo, los compromisos, el ejercicio y la necesidad de estar siempre “produciendo”?

Aprendí que no tengo que estar produciendo todo el tiempo. Ahora escojo más, digo que “no” cuando necesito y con el ejercicio también cambié: no todo tiene que ser para mejorar una marca. A veces simplemente quiero moverme porque me hace feliz.

Cuando escuchaste que no había tumor, ¿qué fue lo primero que hiciste y a quién llamaste?

Fue como: “¿De verdad?”. Después lloré y obviamente quería hablar con mi mamá y con Aldo. Ellos habían vivido todo conmigo, así que esa noticia también era de ellos.

Has dicho que esta experiencia te hizo valorar otras cosas. ¿Qué cosas que antes parecían importantes dejaron de serlo?

Los números, los likes, la opinión de gente que realmente no importa y la necesidad de estar siempre perfecta. Ahora me importa mucho más con quién estoy, cómo me siento y las experiencias que quiero vivir.

Después de esta experiencia, ¿qué versión de Marelissa quieres que regrese a los medios, a la televisión y a las redes?

Una Marelissa más libre. No quiero regresar como “la mujer que tuvo cáncer”. Eso es parte de mi historia, pero no es toda mi identidad. Quiero seguir siendo divertida, intensa, competitiva, deportista, presentadora y creadora, pero con otra perspectiva.