Por Lucía Domínguez Fotografías Federico Galbraith
Después de construir una sólida trayectoria en el mundo empresarial, Ofelia Méndez decidió escuchar una inquietud más profunda y embarcarse en una nueva aventura.
A través de la navegación, el buceo y la fotografía submarina, descubrió un universo que transformaría su manera de entender la vida y también su propósito. Lo que comenzó como una pasión por explorar terminó convirtiéndose en un compromiso con la protección de los océanos.
De esa conexión nació OFELIA, una colección de prendas de vestir inspiradas en el mundo submarino, con telas estampadas con las fotografías del australiano Greg Hills.
¿En qué momento nació OFELIA y qué fue lo que te impulsó a transformar tu conexión con el océano en una marca?
OFELIA no nació en un escritorio ni en un estudio de diseño, nació bajo la superficie del mar, alimentada por el impacto visual y emocional de todo lo que descubrí en las profundidades. Al contemplar ese universo silente, su nitidez, sus formas y su nobleza, sentí una necesidad imperiosa de compartir esa maravilla. No quería que esa belleza se quedara solo en mi memoria o en una bitácora de buceo, quería trasladarla al mundo tangible, transformarla en arte vestible y permitir que otros pudieran envolverse en la misma fascinación que yo experimenté.

Has descrito los arrecifes de coral como una fuente profunda de inspiración. ¿Qué sentiste la primera vez que te sumergiste y descubriste ese mundo submarino?
La primera vez que me sumergí sentí una suspensión absoluta del tiempo y del ego. Es una sensación de ingravidez no solo física, sino también del espíritu. Al descubrir los arrecifes, no vi simplemente estructuras bajo el agua; contemplé verdaderas metrópolis vivas, esculpidas con una arquitectura perfecta y un colorido que desafía cualquier paleta humana. Fue un despertar: entender que existe un mundo paralelo de una magnificencia abrumadora, que respira en silencio y que merece ser honrado con la misma delicadeza con la que fue creado.
Después de haber buceado en algunos de los arrecifes más importantes del mundo, ¿qué aprendiste del océano que cambió tu manera de ver la vida?
Lo que cambió de manera definitiva mi relación con el océano fue presenciar la nobleza de su ecosistema. El mar me enseñó la importancia del equilibrio sutil: en el arrecife nada sobra y nada falta, todo cumple un propósito impecable. Aprendí que la verdadera fuerza no se expresa con estridencia, sino con armonía y profundidad. Esta visión transformó mi vida y mi filosofía de creación: buscar la belleza en lo puro, respetar el origen de las cosas y diseñar con el mismo propósito y elegancia atemporal que el mar imprime en todo lo que toca.

¿Hubo alguna experiencia o lugar específico que marcara un antes y un después en tu relación con el mar?
Definitivamente. Hubo momentos clave que se quedaron grabados en mi ser. El gran hito emocional lo marcó el encuentro con una manta mobula en Palau: verla planear en el azul con una gracia sagrada y una serenidad absoluta fue una experiencia casi mística que reorganizó mis prioridades. Y, por otro lado, el escenario más impactante que he contemplado jamás son los arreficfes de Minerva, un lugar de una belleza tan incontaminada, remota y sublime que te deja sin aliento. Esos lugares y esos seres fueron el verdadero punto de no retorno, ahí entendí que mi vida estaría entrelazada para siempre con la voz del océano.
Tu historia comienza, en cierta manera, a bordo de un velero navegando de Panamá hacia el Pacífico Sur. ¿Cómo fue vivir ese viaje y cómo influyó en la mujer y creadora que eres hoy?
Navegar desde Panamá hacia las infinitas aguas del Pacífico Sur fue una travesía de transformación profunda. El velero te despoja de lo accesorio y te enfrenta a la inmensidad, al ritmo real de la naturaleza, a la calma y a la tormenta. Ese viaje ayudó a moldear a la mujer que soy hoy: me enseñó paciencia, templanza y una gratitud infinita. Como creadora, me regaló una mirada más pausada y consciente. Dejé de ver el mundo en la superficie y aprendí a observarlo desde la profundidad, una perspectiva que hoy es la esencia misma de OFELIA.

Las prendas incorporan imágenes capturadas por el fotógrafo australiano Greg Hills. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué encontraste en sus fotografías que conectaba con tu visión?
Conocer el trabajo de Greg fue uno de esos encuentros donde el lenguaje visual trasciende la técnica. Yo buscaba capturar la esencia viva del arrecife, no como una simple imagen plana, sino como una emoción que pudiera llevarse sobre la piel. En sus fotografías encontré una luz casi mística y una honestidad absoluta con la vida marina: la solidez y el brillo impecable de especies como el yellowtail damselfish o el regal angelfish. Había una sincronía perfecta entre su lente y mi visión. Su fotografía no solo documenta el océano; le rinde culto, y eso es precisamente lo que transmitimos en cada pieza de OFELIA.
Durante la pandemia de COVID-19 estabas en Fiji, viviendo en tu velero O2. ¿Cómo fue atravesar ese momento tan incierto y, al mismo tiempo, encontrar refugio y esperanza bajo el agua?
Estar a bordo del O2 en las aguas de Fiji mientras el mundo exterior se detenía fue un ejercicio de entrega total. La incertidumbre afuera era abrumadora, pero al sumergirme, el tiempo recuperaba su ritmo original. Bajo la superficie no había prisa ni angustia, había un santuario de luz, vida y silencio sagrado. El océano me enseñó que la naturaleza no se detiene, que florece en la serenidad. Sumergirme me dio el aire que el resto del mundo parecía perder, me recordó que, incluso en la tormenta más profunda, abajo siempre hay claridad y esperanza.

Comenzaste creando más de 150 estolas de manera artesanal. ¿Qué recuerdas de ese proceso y de la reacción de las primeras personas que conocieron tu trabajo?
Recuerdo la devoción por el detalle, la paciencia del gesto artesanal. Cada estola pasaba por mis manos no como una prenda, sino como un lienzo que guardaba un pedazo del océano. Cuando las primeras personas las tocaron, la reacción no fue solo de apreciación estética, sino de asombro táctil y emocional. Sentían que no estaban llevando un accesorio, sino envolviéndose en una historia, en la majestuosidad viva del mar. Fue en ese preciso instante cuando entendí que OFELIA no era solo una marca, sino un puente de conexión profunda.
¿Qué significa para ti crear prendas atemporales en una industria que muchas veces está marcada por las tendencias y el consumo acelerado?
Es un acto de rebeldía y de respeto. La naturaleza no se rige por temporadas ni por modas efímeras; un arrecife tarda siglos en esculpir su belleza. Crear prendas atemporales es imitar esa sabiduría. Diseñamos piezas para ser atesoradas, para trascender los ciclos del calendario y permanecer en el armario como obras de arte vestibles. Frente a la prisa del consumo acelerado, proponemos el lujo de la permanencia, el valor del origen y la dignidad del diseño concebido para durar.
Los arrecifes de coral son ecosistemas extraordinariamente bellos, pero también muy vulnerables. ¿Qué te gustaría que las personas entendieran sobre ellos después de conocer OFELIA?
Me gustaría que comprendieran que el arrecife no es un paisaje lejano o ajeno, es el corazón latiendo de nuestro planeta. Cada color, cada textura y cada especie que plasmamos en nuestras colecciones depende de un equilibrio milimétrico que hoy está amenazado. Quisiera que al ver nuestras prendas, la gente contemple los corales no como estructuras inertes, sino como ciudades vivas llenas de arquitectura, luz y fragilidad. Protegerlos no es una opción, es una necesidad vital para nuestra propia supervivencia.
Más allá de OFELIA, ¿cómo te ha transformado personalmente tu relación con el océano?
El océano ha sido mi mayor maestro y mi espejo más honesto. Me ha despojado de lo innecesario y me ha enseñado a habitar el presente con absoluta humildad. Cuando estás sumergida en la inmensidad del azul, entiendes lo pequeña que eres y, al mismo tiempo, lo conectada que estás con todo lo vivo. Me ha vuelto más contemplativa, más fuerte y, sobre todo, profundamente agradecida por la belleza sutil que nos rodea.
¿Qué te ha enseñado el mar sobre la paciencia, la resiliencia o la incertidumbre?
Me ha enseñado que el agua siempre encuentra su camino, no por la fuerza, sino por la fluidez y la constancia. La superficie puede estar embravecida por la incertidumbre, pero las profundidades mantienen un orden sereno. Del mar aprendí a no luchar contra las mareas de la vida, sino a navegar sobre ellas; aprendí que la verdadera resiliencia no es resistirse al cambio, sino adaptarse a él manteniendo siempre el rumbo interno.
¿Qué sueñas que sea OFELIA dentro de cinco o diez años?
Sueño a OFELIA como un referente global de elegancia consciente, una plataforma donde el arte, la alta moda y la conservación marina converjan de manera indivisible. Me imagino vistiendo a mujeres alrededor del mundo que no solo buscan sofisticación, sino una historia con propósito. Sueño con que cada colección siga financiando e impulsando proyectos reales de educación y preservación del océano, demostrando que la moda puede ser una fuerza transformadora, poética y profundamente respetuosa con la Tierra.







