Siendo primera dama de Panamá (2004-2009) alzó su voz para derribar barreras sobre la discapacidad y poder construir una sociedad inclusiva. Esta publicista, esposa, mamá de tres y ahora podcaster nos habla sobre sus dudas, desafíos, intereses y reflexiona sobre el presente mirando siempre hacia adelante. 

Si tuvieras que describirte más allá de los títulos – madre, esposa, activista, profesional- ¿quién es Vivian hoy?

Hoy soy una mujer curiosa. Alguien que todavía está aprendiendo. Durante años la vida me dio roles muy claros, pero con el tiempo entendí que soy, sobre todo, una persona que busca abrir caminos donde antes había muros. Hoy me siento más libre de ser imperfecta, de preguntar, de incomodar cuando hace falta y de vivir con propósito porque ya no estoy tratando de convertirme en alguien.

¿Qué lecciones te han dado tus hijos?

Mis hijos me han enseñado que el amor no es teoría, sino una práctica diaria. Me han enseñado paciencia, humor en medio del caos y, sobre todo, humildad. Los hijos te ponen frente a un espejo permanente. Con ellos aprendes que no controlas la vida, solo la acompañas.

¿Cómo ha influido la maternidad en tu manera de entender la inclusión y la empatía?

La maternidad me quitó muchas certezas. Cuando tienes un hijo que vive la vida desde un lugar diferente, entiendes que la sociedad está llena de barreras invisibles. La inclusión dejó de ser una palabra bonita y se convirtió en algo profundamente personal.

¿Qué conversaciones sobre diversidad e inclusión ocurren dentro de tu hogar?

En mi casa, más que hablar, se practica mucho el respeto y la dignidad en la convivencia. Mis hijos crecieron entendiendo que las diferencias no son algo que se tolera, sino que son algo que enriquece.

Desde tu perspectiva, ¿cuál es el mayor desafío que enfrentan hoy las personas con discapacidad en Panamá?

Más que la discapacidad, el mayor desafío sigue siendo la mentalidad. Todavía hay demasiadas puertas cerradas antes de siquiera intentar abrirlas. Falta pasar de la compasión a la verdadera inclusión.  Y en realidad no veo hoy día políticas sociales que incluyan este segmento de la población que llega al 18%.  Hay señales claras de ignorar el tema. 

¿Qué mitos sobre la discapacidad te gustaría desmontar de una vez por todas?

Que la discapacidad define el potencial de una persona. No es verdad. Lo que muchas veces define el límite es la falta de oportunidades.

¿Qué cambios concretos te gustaría ver en los próximos 10 años en materia de inclusión?

Escuelas verdaderamente inclusivas, empleos reales para personas con discapacidad y ciudades pensadas para todos. No como favores, sino como derechos.  Me gustaría ver en práctica la ley de cuidados para proveerlo al que lo necesite.

¿Qué papel ha jugado tu pareja en este camino lleno de proyectos y causas?

Ninguna causa se sostiene sola. Tener una pareja que entiende que tu vida tiene propósito fuera de casa también es una forma de amor y Martin (Torrijos) me lo ha demostrado siempre.  Su prueba más reciente fue hace poco, apoyándome en mis sesiones en Ginebra 7 semanas al año por tres años y él corriendo con la casa solo (bueno semi solo, yo en remote).

 

 

 

¿Cómo se construye un equipo dentro de la familia para sostener tantos roles?

Con honestidad. En una familia todos empujan el carro de alguna manera. A veces uno más que otro, pero el secreto es saber que nadie lo hace solo.

¿Qué has aprendido sobre la importancia del apoyo emocional cuando se trabaja en causas sociales?

Que quienes trabajamos en causas sociales también necesitamos ser sostenidos. Y eso por ejemplo en las familias de niños con discapacidad es vital.  El desgaste emocional es real. Por eso el afecto, la amistad y la familia son gasolina para seguir.

Vienes del mundo de la publicidad, donde contar historias es clave. ¿Cómo utilizas esa habilidad para tus objetivos profesionales hoy?

Las historias cambian la manera en que la gente entiende el mundo. Cuando cuentas una historia humana, las etiquetas se caen. Eso intento hacer.

¿Qué te motivó a crear un podcast y qué conversaciones sientes que aún hacen falta en la esfera pública?

El podcast nació de una necesidad de escuchar más que de hablar. Hacen falta conversaciones honestas, sin máscaras, donde la gente pueda mostrarse como es. Y en redes necesitamos cambiar la narrativa negativa que prevalece.

 

 

Muchas mujeres sienten presión por “hacerlo todo”. ¿Cómo defines tú el equilibrio?

El equilibrio no es hacerlo todo perfecto. Es saber qué es importante en cada etapa de la vida.

¿Hay momentos en los que sientes que alguno de tus roles se queda corto? ¿Cómo lidias con eso?

Claro que sí. Todos los días. Pero aprendí que la culpa no construye nada. Lo que ayuda es volver a empezar al día siguiente.  Dice Jane Fonda que los 60 son el tercer y último capitulo de la vida, yo estoy más que clara que los 60 siguen siendo los 60 aunque luzcas más joven o mejor. Las arrugas son parte del tercer capítulo. Y a esta edad ya dejas de exigirte ser quien ya no eres para abrazar con amor a quien eres hoy.

¿Qué hábitos o rutinas te ayudan a mantener claridad y energía?

Rezar, caminar, leer, conversar con gente que me desafía intelectualmente y también reírme de mí misma.

¿Qué significa para ti liderar desde la experiencia de ser mujer?

Significa liderar con empatía, con intuición y con esa mirada que sólo tenemos nosotras, que vemos los detalles, esos que los hombres no ven.

 

 

¿Qué barreras siguen enfrentando las mujeres que trabajan por causas sociales?

A veces se nos exige ser incansables y perfectas al mismo tiempo. Y nadie puede vivir así.

¿Qué consejo le darías a otras mujeres que quieren levantar su voz pero no saben por dónde empezar?

Empieza pequeño. Una conversación, una idea, una acción. Las grandes causas siempre empiezan con un primer paso. Ahora tener una cuenta en Facebook o en Instagram te da un canal de apertura que antes no existia. Úsalo para el bien.

¿Hay algo que el público ve de Vivian Torrijos pero no conoce realmente?

Quizás que muchas veces también tengo dudas. Que tengo buenos inicios pero, si no me motivo y disciplino, puedo abandonar. Pero he aprendido que el coraje no es la ausencia de miedo, sino seguir adelante a pesar de él.

 

Si pudieras dejar un mensaje a la próxima generación, ¿cuál sería?

Que nunca permitan que una etiqueta limite su imaginación sobre lo que pueden ser. Y que siempre respeten su historia y se enorgullezgan de sus raíces.