Con mi fundación quiero reavivar los talleres en enero del 2024, en el prado del edificio de la Administración del Canal de Panamá, en donde nos inspiraremos pintando en el estilo del gran maestro colombiano Fernando Botero.

 

Por Lucía Domínguez Fotografías Federico Galbraith

 

Es un nombre fundamental de la plástica contemporánea panameña y un referente del artista responsable con la transformación social del país a través de la creación. Con su Fundación Olga Sinclair ha logrado hitos: En 2014, para celebrar los 100 años del Canal de Panamá, 5,084 niños y adolescentes pintaron a la vez un mural con el tema de las esclusas, que medía 7 mil metros en los predios del edificio de la Administración del Canal. Record Guinness mundial.

En su trayectoria artística ha expuesto en más de 40 exposiciones individuales y 200 colectivas. Una de las más recientes fue en Mónaco, evento al que asistió el príncipe Alberto.

Por motivos personales reside en Venezuela, un país con el que ha logrado estrechar lazos culturales que extenderá hasta Panamá en la gestión de proyectos que beneficien a los niños y niñas del istmo.

 

¿Es recomendable que un joven con talento artístico salga de Panamá? ¿Qué se encontró esa joven Olga Sinclair cuando salió por primera vez a estudiar arte?
Definitivamente, en la medida en que un joven amplíe su marco de referencia incursionando en un universo de enseñanzas y experiencias procedente de otras culturas y latitudes, su manera de ver las cosas cambiará y se enriquecerá. En lo personal, y gracias al empuje de mis padres que me exhortaron a “ver el mundo”, pude ampliar mi pensamiento a través de experiencias que poco me brindaba mi país, como ver los más majestuosos museos en España y recorrer Europa en el Eurail Pass, visitando muchas ciudades en un mes. Todo eso se convirtió en la mejor universidad de la vida, porque una cosa es ver una foto de una obra de Velázquez y otra cosa es ver Las meninas en El Prado, de una majestuosidad arrolladora. O ver el David de Michelangelo en persona, que, paulatinamente, hace que el entorno se convierta en un templo.

Recuerdo que esto me pasó también al ver “El Nacimiento de Venus” de Botticelli, en Italia, yo en los libros de arte me lo imaginaba enorme, de 10 metros de largo, y al final era mucho más pequeño, pero ejecutado con una maestría que saltaban mis lágrimas. Ni hablar de Francis Bacon que ha sido (con mi padre) el artista que más ha influido mi producción pictórica dado su contenido excepcional.
Resumiendo, si no hubiera salido de Panamá, no hubiera sido quien soy hoy.

 

¿En qué momento el desnudo dejó de ser un tema tabú para convertirse en un elemento artístico? Tomando en cuenta la anécdota de cuando llegó a la clase en Madrid y se encontró con tres modelos desnudos.
Nuestra cultura tiende a banalizar y crear morbo frente al “desnudo”. Las academias de arte del mundo entero tienen sus modelos desnudos de hombres y mujeres que son la fuente del dominio académico de las mismas.

Si no dominas la anatomía del cuerpo en la academia, luego, a lo largo de tu carrera de artista, te encuentras con vacíos técnicos que no te permitirán avanzar. Luces y sombras, planos visuales, perspectiva, pasajes de figura a fondo, etc., todo eso lo da la experiencia del dibujo al desnudo que, hoy, gracias a los avances y las nuevas corrientes pictóricas y digitales, hacen de este tema tabú, una propuesta que es ampliamente aceptada. Hay que reconocer que el arte contemporáneo está atravesando muchas disconformidades, dado los valores de la sociedad moderna que, además de no siempre tener conocimiento de los valores intrínsecos del arte, saber lo que verdaderamente es valioso, se inclina a caer en un discurso segregacionista.

De chica, era su padre el que le abrió ese mundo de colores y formas, ¿en qué circunstancias se daban estas ocasiones?
Es una historia familiar en donde la naturalidad de convivencia entre padres e hijos hacía que la cotidianidad fuera siempre alegre y expresiva.
A la hora de comer, por ejemplo, si había en el plato de comida arroz y pescado, mi padre, nos hacía la observación de la sombra que se producía entre un alimento y el próximo, creando una magia y composición, digna de un bodegón o la llamada naturaleza muerta. Todo era natural, en especial conmigo, que siempre le decía que yo quería ser pintora como él. Y para ello, sí recuerdo que desde que cumplí doce años, en una mesa, armaba un bodegón, con panes y una taza, o una botella de vino, con un zapallo, un pescado recién comprado en el mercado, y decía: “No cocinen este pescado hasta que Olguita lo termine de pintar”. ¡Era fascinante!

Ha realizado una colección textil con la diseñadora Pilar Sáinz, ¿por qué es importante que el artista plástico lleve su trabajo más allá de sus formatos habituales, que tenga esa permanente inquietud intelectual?
El arte es expansivo, no hay límites ni formas. Caminas en tus periodos creativos y encuentras fortaleza, dando giros a tus expectativas. Cielo y tierra se juntaron, al conocer todas las posibilidades de llevar mi arte con Pilar Sainz a otros lienzos posibles que han resultado ser innovadores para la palestra de mis creaciones.

El trabajo que realiza con los niños de Panamá, a través de su Fundación, es admirable, el arte como factor de cambio social es evidente, ¿qué hace falta para que en Panamá tomemos esto como una verdad y se empiecen a hacer más esfuerzos en este sentido?
Mi fundación, como las fundaciones de amigos y colegas artistas, como la de Danilo Pérez, Erika Ender, Gramo Danse de Ximena Eleta o Abriendo Puertas de Jorge De La Guardia, son el resultado de un esfuerzo ciudadano, que no siempre a lo largo de la historia cultural de nuestro país ha encontrado respaldo del Estado, no promoviendo las industrias creativas, ni un sistema de educación avanzado, un pensum académico pobre y repetitivo y una mala inversión en lo que es la base de transformación social de una nación.

 

He tenido la fortuna de que la empresa privada, y en su momento, uno que otro miembro de un ministerio, me haya apoyado, casi a título personal, para lograr expandir eso que sólo el arte da. El arte es un medio catalizador de tus emociones. Incluso el mindfulness es una práctica institucional en algunos países, donde los niños empiezan el día con meditación.
Hoy por hoy, por primera vez, y porque se ha creado el Ministerio de Cultura, la Ministra, Giselle González Villarué y mi Fundación hemos firmado un Convenio de Colaboración para expandir los talleres y retomar el vacío que dejó la pandemia. Ojalá continúen estos acuerdos, independientemente de la administración que ejerza.

¿Cuáles son los planes con su Fundación?
Reavivar los talleres en enero del 2024, en el prado del edificio de la Administración del Canal de Panamá, en donde ese año nos inspiraremos pintando en el estilo del gran maestro colombiano Fernando Botero. Además, crear intercambios con el Sistema de Orquestas Simón Bolívar, de Venezuela, que es un legado del maestro José Antonio Abreu y que ha logrado mantener el optimismo y energía de un pueblo, a pesar de las circunstancias.

Ha tenido que montar talleres en dos países distintos en los últimos años. ¿Qué debe tener ese entorno para que sea apropiado para la creación artística?
Nosotros los artistas somos resilientes. Nuestras mentes, podría decir, viven de manera paralela al entorno que nos rodea. Estoy constantemente en la búsqueda de la belleza pura. Pero no de la belleza efímera que te da tener unas curvas, implantes de senos o cejas tatuadas (libre albedrío quien quiera tenerlas), sino esa belleza, como decía Ortega y Gasset, que trasciende los siglos a través de la obra de arte, contemplada por miles de personas y que perfora la más íntima sensibilidad del espectador que necesita esa medicina que se llama arte para poder sobrellevar la tan agotadora cotidianidad que produce el vacío del mundo actual.

Mi ambiente ideal para crear es la soledad palpitante del estudio, irrumpido por un Aria de Tosca de Puccini.
¿Cómo organiza la mente para pintar siete u ocho cuadros a la vez? ¿Cómo se cuentan siete historias distintas pero que a la vez conecten unas con otras?
Todas esas historias tienen un hilo conductor. Transmitir la idea primigenia que atraviesa la mente, inundada de formas y que necesitas compaginarlas para el deleite de tu alma. Como decía la crítica de arte Avelina Lésper, ¿Qué es el arte? El arte es inteligencia y creatividad que se manifiesta en obras. O como decía Oscar Wilde: El arte es completamente inútil. No es utilitarista, no sirve para nada, está hecho sólo para ser arte. Los dos tienen razón, pero me hace feliz.

Ahora mismo vive en Venezuela donde hay una enorme riqueza artística, ¿de qué manera se ha compenetrado con el mundo artístico allá?
Viviendo en Venezuela he quedado altamente maravillada por la oferta cultural del país y aunque esto lo sabía desde mi juventud, por los vínculos y amistades que mi padre sostenía con artistas venezolanos, vivirlo en persona es impresionante. Es una oferta tan exorbitante que cada semana nuestra agenda está colmada de exposiciones de arte o conciertos en el Teatro Teresa Carreño o en el Centro de Acción Social por la Música.

Este constante vínculo ha creado hermosas amistades como con la directora de la Orquesta Sinfónica de Ayacucho, Elisa Vegas, o el director de la Sinfónica Simón Bolívar, Jesús Uzcategui, con quienes hemos empezado a elaborar ideas y estrategias de intercambio cultural entre naciones.

¿Cómo fue la experiencia de haber expuesto en Mónaco con el Príncipe Alberto como asistente?
Fue inolvidable y me hizo sentir orgullosa de la amabilidad de cómo nos trató, a mí y a los Embajadores de Panamá, Issamary Sánchez en Francia y Pablo Garrido en Portugal, que tan noblemente me acompañaron para este evento. Además, el entusiasmo y asombro que sintió el Príncipe al conocer más de nuestra expresión artística y de los logros de mi Fundación para replicarlo en Mónaco.

Después de haber pasado por un cáncer de seno ¿cómo percibe la vida? ¿Qué tipo de inflexión tuvo esa experiencia como persona, como artista y como madre?
Fue una experiencia aterradora porque es enfrentarse a lo desconocido y sus consecuencias. A la vez, te das cuenta de que la vida se te puede acabar en un minuto y reflexionas acerca del comportamiento de los seres humanos, tan apegados a lo material, tan medidos en sus acciones. Esto me ha llevado a cerrar mi círculo de amistades. Ahora quiero compartir más con personas que, como yo, queremos ayudar a despertar las conciencias, a crear planes de desarrollo social para los menos afortunados, sin regalarles una bolsa de comida, sino hacerles sentir que todos somos responsables de conservar el planeta, de luchar por nuestras batallas, y tener más amor en nuestros corazones.

En cuanto a ser madre y tía madre, amo a mis hijas, sobrinos, hermanos y amigos que se convierten en familia, en donde todos estamos conscientes de que en la vida cada uno tiene una misión y no quiero partir antes de cumplir mi misión y tomarme unas copas más de vino con quienes quiero.

¿Proyectos a mediano plazo?
Reanudar los talleres de mi Fundación en enero “Pintando a la manera Botero”, expandir la alianza con la Ministra de Cultura, Giselle González Villarrué y de carácter personal tengo exposiciones en República Dominicana y en Atenas, Grecia, el próximo año.