Desde que asumió la Dirección Ejecutiva del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá en 2020, María Lucía Alemán ha impulsado una visión de museo más abierto, participativo y conectado con su entorno. Su gestión, marcada por el concepto “Museo 2.0”, ha buscado fortalecer la institución, ampliar sus públicos, consolidar su propuesta curatorial y explorar nuevas formas de sostenibilidad. Con una mirada que combina gestión, cultura y compromiso social, Alemán reflexiona sobre el papel que debe asumir hoy un museo y sobre cómo acercar el arte contemporáneo a una sociedad cada vez más diversa.
¿Qué encontró en el Museo de Arte Contemporáneo cuando asumió la Dirección Ejecutiva en 2020 y qué fue lo primero que sintió que debía transformar?
Me encontré con un museo de larga trayectoria, con un compromiso ininterrumpido con la promoción y el desarrollo del arte y la cultura en nuestro país y que a lo largo de 6 décadas ha habido una gran cantidad de personas apasionadas que le han dado continuidad a esa historia. Para mí se trató más de estar en este momento particular, que de algo que es mucho más grande que todos nosotros. Estábamos en plena pandemia, cuestionando y repensando la vida hacia delante, así que, sin duda había que entender qué necesitaba la sociedad panameña y sus distintas comunidades en cuanto a un espacio artístico cultural museístico se refiere, y para mí fue evidente que era esencial continuar abriendo aún más el museo para cocrear su programación, incluir con mayor participación a aquellos que no habían estado presentes e intercambiar con otras disciplinas para crear diálogos más cónsonos con la vida contemporánea y permear más la institución y ponerla al servicio de todos, de acuerdo con sus necesidades y oportunidades del momento.
Usted lideró el desarrollo del concepto “Museo 2.0”. ¿Qué significaba para usted ese concepto y qué museo imaginaba cuando comenzó ese proceso?
Tuve la oportunidad de ser parte del museo desde 2015 cuando empecé como voluntaria y de allí mi rol evolucionó a trabajar proyectos de forma independiente e incluso formar parte de su junta directiva. Gracias a estar expuesta a distintas perspectivas veía con mucha claridad el inmenso potencial que teníamos por delante en cuanto a consolidar la institución aún más desde su gobernanza, profesionalizar aún más su equipo y continuar fortaleciendo la calidad de sus programas. Fue importante reconocer que, si bien anteriormente el museo había dependido en mayor medida de los fondos recaudados en los eventos, hacia delante era importante ampliar su comunidad de donantes, tanto a nivel individual, como privado, como gubernamental. El MAC Panamá realmente es un proyecto país y depende de un esfuerzo colectivo para su continuidad, ya que tiene un fin social y su impacto va directamente al desarrollo de las personas.
Después de seis años al frente del MAC, ¿cuál ha sido la transformación más importante?
Asegurar la posición de curador en jefe considero que ha sido transformador para la institución, tanto para consolidar la narrativa curatorial, como para el desarrollo de los programas públicos y educativos, el crecimiento de la colección y la valorización del archivo. Que a su vez ha venido acompañado de un proceso de internacionalización de la institución y de acompañar la formación de los artistas con prácticas contemporáneas y facilitar su inserción en los circuitos globales del arte.
¿Cómo cambió su propia manera de entender el museo durante estos años?
Por un lado, reconocer que ese potencial que estaba ahí necesitaba germinar y ser parte en esta nueva etapa del arte global. Entender lo especializado que son los roles de los que somos parte del equipo y cómo continuar formando y desarrollando el potencial de nuestros colaboradores. También pensar en su sostenibilidad desde nuevas formas y reconocer la estrecha relación que hay entre el museo y su contexto y, desde ahí, crear una programación coherente y relevante con los artistas y con el público.
Hoy un museo ya no es solo conservar y exhibir obras.
¿Cuál debe ser el papel de un museo dentro de una sociedad?
Los museos tenemos la capacidad de ser espacios donde se teje la fibra comunitaria, donde convergen distintos grupos y públicos, donde desde el arte podemos abrirnos a ver otras perspectivas de los temas que, como sociedad, atravesamos y desarrollar los formatos de acuerdo a esas audiencias para crear oportunidades de reflexión, intercambio, aprendizaje y bienestar.
¿Qué busca actualmente una persona cuando entra a un museo de arte contemporáneo?
Creo que depende: un padre de familia puede estar buscando introducir actividades culturales en la vida de sus hijos; una artista puede estar buscando referencias de otros artistas; un docente puede estar buscando las formas de ampliar sus procesos de aprendizaje fuera del aula; también están aquellos que se acercan para desconectarse y reconectarse, para desaprender, para conocer otras realidades, para vivir nuevas experiencias, para conectarse a través de sus sentidos con las temáticas inspiradas de los artistas, para participar de la vida cultural de la ciudad. Hay tantas razones…
¿Hasta qué punto un museo debe salir de sus paredes para encontrar nuevos públicos?
Es esencial, nosotros como equipo tenemos esto muy presente y nos proponemos participar de eventos y proyectos tanto locales como internacionales donde sentimos que agregamos valor y que damos a conocer lo que hacemos y por qué lo hacemos, con la ilusión de que luego estas interacciones se conviertan en visitas físicas al museo y poco a poco las personas vayan incorporando el arte contemporáneo a sus vidas.
¿Cómo influyen las nuevas tecnologías, las redes sociales y las experiencias digitales en la manera de relacionarnos con el arte?
Las plataformas digitales acercan el arte a las personas y sobre todo a nuevos públicos. Digamos que son un primer acercamiento que bien llevado se puede convertir en una curiosidad genuina y un deseo de conocer más o entender mejor lo que puede aportar a sus vidas.
¿Cómo puede un museo ser contemporáneo no solamente por las obras que presenta, sino también por la manera en que funciona y se relaciona con las personas?
Para mantenerse relevante es importante que un museo mantenga una relación sana con el ecosistema artístico, que sea inclusivo y participativo de las distintas prácticas y que tenga apertura a trabajar de distintas formas con todos aquellos con que desarrolla programas. Reconocer que el museo no nos pertenece es esencial y que tiene la poderosa capacidad de medir el pulso de la vida contemporánea de una sociedad, sus preocupaciones, sus sueños y así… y por ello ser un puente entre lo que pasa afuera y lo que sucede dentro de sus paredes, desde un lugar que aporta y crea impacto.
¿Qué particularidades tiene dirigir un museo de arte contemporáneo en Panamá?
Creo que es una respuesta bastante universal que conlleva la sostenibilidad financiera, formar un equipo de trabajo y crear comunidad.
¿Cómo podemos descentralizar el acceso al arte en Panamá?
Escuchando y abriendo el museo en todos los sentidos: permitiendo oportunidades de acceso gratuitas, lanzando convocatorias desarrollando programas con otras iniciativas locales e internacionales, desarrollando de forma continua espacios de mayor participación e inclusión, saliendo de su sede en Ancón, visitando otras provincias, trabajando con nuevos artistas cada año, cocreando con otras disciplinas, dando libertad creativa al equipo, acompañar más que dirigir.
¿Cómo puede el MAC contribuir a que el arte contemporáneo deje de percibirse como algo distante o reservado para especialistas?
¡Es algo que tenemos muy presente y como equipo, cada uno desde sus distintas áreas, estamos muy comprometidos y apasionados con encontrar distintas formas de acercarlo! Desde actividades novedosas y enriquecedoras, hasta contenidos en redes que conecten, hasta exposiciones que tengan sentido para Panamá y todo llevado en formatos y lenguajes más comunes. Comunicando un propósito claro.
¿Ha cambiado la manera en que las instituciones culturales deben buscar financiamiento?
Depende mucho de la realidad de cada geografía. Hay partes del mundo donde los gobiernos se involucran de forma contundente con la sostenibilidad y otras donde el sector privado juega un rol más importante y otros proyectos que son autogestionados por artistas y los lleva a esa comunidad en particular. Somos muy creativos en esa parte también y por ello han surgido nuevos modelos de sostenibilidad, pero hay que tener cuidado en priorizar lo que es realmente esencial para la misión y visión del museo y que este propósito sea lo que guíe las decisiones de qué fondos necesitamos, pues muchas veces por abarcar estas necesidades financieras, corremos el peligro de sobrecargar la parte operativa y ejecucional del equipo y luego hay un desgaste que afecta y nos distrae.
Ahora que es directora de este museo ¿hay algo que ahora observa de manera diferente cuando entra a un museo como visitante?
Valoró aún más todo lo que no se ve …todo lo que sé que sucede anterior a lo que se ve y paralelo a esto.
¿Qué nos puede decir de la nueva exposición de artistas centroamericanos que abrieron este septiembre?
Es una exposición que, sin duda, pone en evidencia lo que implica trabajar desde la reciprocidad: de acompañar los procesos culturales y artísticos de toda una región, de apoyar las prácticas artísticas de los colectivos que trabajan en sus territorios y desde una gran variedad de causas, pero sobre todo nos recuerda la importancia del intercambio y la conexión, de trabajar de forma articulada para que este tejido cultural sea más fuerte, diverso y representativo, así como también logre mayor visibilidad y en consecuencia de lo que está pasando en la región y de nuestras múltiples realidades e identidades.










