Hay vinos que se disfrutan por sus aromas, sus sabores y su origen. Y hay experiencias en las que el vino se convierte en el punto de encuentro entre la gastronomía, música y las emociones. Así fue la cata de Bodega Catena Zapata que tuvo lugar en Filomena, un encuentro en el que los invitados descubrieron no solo diferentes etiquetas argentinas, sino que además los invitó a preguntarse hasta qué punto la música puede transformar nuestra percepción de un vino y de un plato.
La historia de Catena Zapata tiene su origen con una familia que apostó por el potencial de Mendoza, Argentina, y por la posibilidad de colocar al vino de esta región entre los grandes del mundo. Sus raíces se remontan a 1898, cuando Nicola Catena llegó a Argentina desde Italia. Cuatro años después, en 1902, plantó su primer viñedo de Malbec en Mendoza, dando inicio a una tradición familiar que ya supera los 120 años.
Desde entonces, cuatro generaciones han trabajado arduamente para construir el legado de la familia. Uno de los grandes protagonistas fue Nicolás Catena Zapata, quien, a partir de la década de 1980 e inspirado por sus experiencias en California y por los grandes vinos internacionales, apostó por llevar la viticultura mendocina hacia un nivel superior de calidad. Su visión incluyó explorar los terroirs de altura de los Andes y comprender de manera más profunda la relación entre suelo, clima, altitud y variedad.
Ese espíritu de exploración terminó siendo fundamental para el posicionamiento internacional de Argentina como productor de vinos de alta gama. Catena Zapata fue pionera en la recuperación del Malbec como una variedad capaz de producir vinos complejos, elegantes y con identidad propia, además de desarrollar una investigación profunda sobre los viñedos de altura. Entre sus propiedades se encuentra el reconocido Viñedo Adrianna, ubicado a casi 1.500 metros sobre el nivel del mar y considerado por algunos especialistas como uno de los grandes viñedos de Sudamérica.
Hoy, esa búsqueda de excelencia continúa combinando tradición familiar, investigación y tecnología. La bodega trabaja con distintos viñedos históricos de Mendoza, entre ellos Angélica, La Pirámide, Nicasia, Domingo, Adrianna y Angélica Sur, cada uno con características particulares que permiten expresar diferentes facetas del terroir mendocino.
Una cata que propuso escuchar el vino
Con ese legado como punto de partida, la experiencia en Filomena tuvo un elemento que la hizo particularmente especial: la música se convirtió en parte del maridaje.
La propuesta buscó explorar cómo diferentes estilos musicales pueden modificar nuestro estado de ánimo y, a partir de ello, influir en la manera en que percibimos tanto el vino como la comida. En cada servicio se incorporó una atmósfera musical diferente, pasando por distintos universos sonoros, desde la música clásica hasta una propuesta contemporánea como Coldplay.
La idea resulta tan sencilla como intrigante: una misma copa puede sentirse diferente dependiendo del ambiente que la rodea. El vino no solamente se percibe con el paladar y el olfato; también participa de una experiencia sensorial en la que el espacio, la compañía, la música y el estado emocional juegan un papel importante.
Cada servicio ofreció una oportunidad diferente para experimentar esa relación.
La experiencia comenzó con una Burrata di Puglia DOP, acompañada por Catena White Clay 2024. La frescura y suavidad de la burrata encontraron un contrapunto en este vino blanco de perfil fresco y mineral. La propuesta permitió abrir la experiencia desde una perspectiva ligera y delicada, preparando el paladar para los siguientes tiempos.
Catena cuenta con una larga tradición en la elaboración de vinos blancos y, en el caso de White Clay, la expresión del terroir de Luján de Cuyo se combina con un corte de Semillón y Chenin Blanc. La propia bodega destaca sus notas cítricas, de durazno y su carácter mineral y refrescante. (Bodega Catena Zapata)
El segundo tiempo llevó la experiencia hacia sabores más intensos con un Taglioni Ragu di Modena, preparado con ragú de cerdo, salisiccia, mortadela y Prosciutto di Parma. El acompañamiento fue Angélica Malbec 2022, una elección que llevó la experiencia directamente a uno de los grandes protagonistas de la historia de Catena: el Malbec.
El nombre Angélica tiene además un significado familiar: el Viñedo Angélica fue bautizado en honor a la madre de Nicolás Catena Zapata y está ubicado en Lunlunta, Maipú, a unos 920 metros de altitud. Allí se cultivan, entre otras variedades, Malbec y Cabernet Sauvignon.
El tercer tiempo presentó una Milanesa de ternera con crema de queso fontina, Prosciutto di Parma DOP de 24 meses y rúgula, acompañada por Birth of Cabernet 2022. Fue quizá uno de los momentos más interesantes de la cata por la estructura del plato y la personalidad del vino.
Birth of Cabernet es, además, un vino que lleva consigo una historia particular. Catena Zapata construye alrededor del Cabernet Sauvignon una verdadera alegoría sobre su origen, recordando cómo el Cabernet Franc y el Sauvignon Blanc dieron lugar, de manera natural, a esta variedad. La etiqueta 2022 combina Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc procedentes de viñedos mendocinos como La Pirámide y Angélica Sur.
La cena concluyó con un Cheesecake Burciato de mascarpone, acompañado de frutos rojos, piñones tostados y crema de vainilla de Madagascar. Para este último tiempo se sirvió Catena Rosé de la Provincia 2022, un cierre que llevó nuevamente la experiencia hacia una expresión más fresca y frutal.
Más allá de las etiquetas y del menú, lo que hizo diferente esta experiencia fue precisamente la posibilidad de comprobar que una degustación puede ser también un ejercicio de percepción.







