Por Marisa Midolo/mimiblu@me.com

 

¿Qué está pasando en nuestros armarios? ¿Por qué están llenos hasta el tope y sentimos que no tenemos nada que ponernos? ¿Por qué en la mañana no sabemos cómo vestirnos y tenemos muchas piezas olvidadas, sumergidas por otras tantas, al punto de que nuestros clósets son cúmulos de ropa desordenada y poco atractiva?

Un estudio británico ha estimado que la mayor parte de las vestimentas femeninas se utilizan un máximo de 7 veces ( yo diría que algunas hasta menos) antes de convertirse en piezas de armario que reposarán en él durante los próximos años. Consecuentemente, seguimos comprando y repitiendo los mismos pasos, quedando cada vez más y más insatisfechas.

En raras ocasiones logramos adquirir algo que nos satisface de verdad y que valoraremos para siempre. Si se reconocen en esta descripción, lean mi análisis personal de este fenómeno que nos está dominando a todas.

¿Por qué esto no pasaba hace 10 – 15 años? ¿Saben qué es el fast fashion y por qué ha cambiado nuestra forma de ver y utilizar la moda?

El fast fashion es un concepto que ha sido creado hace ya varios años por  grupos de empresas que producen piezas de vestir a larga escala para revenderlas a precios muy competitivos, proponiendo colecciones nuevas a ritmos muy acelerados.

Sin mencionar los nombres de dichos grupos, tengo que confesar que amo y utilizo algunos de ellos y no he podido comenzar a boicotearlos por la simple razón de que me satisfacen rápidamente con unas compras económicas y exitosas en el aspecto de la complacencia inmediata.

¿Cuántas veces no han encontrado la copia casi exacta de un diseño original de una marca exclusiva de ropa o accesorios a un costo muy accesible, se la han llevado felices y satisfechas a casa hasta darse cuenta de que ya tenían otras piezas casi iguales que no habían salido del clóset todavía? Así es que tenemos decenas de blusas, jeans, vestidos y chaquetas que nos parecía imposible no comprar y ahora nos parecen imposibles de usar. ¡Esto es una enfermedad!

Probemos en pensar cuánto contaminamos el medio ambiente con tanta ropa de baja calidad que se produce y acumula en el mundo, y de cuánta mano de obra a bajo costo se explota en países pobres para poder mantener esos precios tan bajos.

Si esto no es suficiente para ayudarlas a no comprar impulsivamente, tomen en cuenta el valor del diseño de los creativos de las marcas de lujo que ven sus ideas copiadas y ejecutadas a la venta en tiendas a pocas semanas de las pasarelas en que las presentaron.

En efecto, las grandes cadenas de fast fashion tienen unas estrategias de coolhunting rápidas y eficaces que les permiten individualizar inmediatamente las piezas clave de las colecciones para reproducirlas y ofrecerlas al mercado en corto tiempo.

En conclusión, no compres impulsivamente, piensa primero, no seas víctima de improbables influenciadores o de modas desconcertantes que no funcionan para ti. De vez en cuando invierte en una prenda o accesorio de buena calidad, cuídalos y guárdalos con amor después de haberlos usado más de siete veces. Volverás a lucirlos después de unos años porque todo regresa en la moda. Nuestros padres valoraban y cuidaban su ropa y vivían felices sin la implacable presión del consumismo de nuestros tiempos.