Por Anabella Cuervo
@LovingHealthac
Uno de los temas más controversiales hoy es el consumo de las carnes rojas. Muchos las dejan a un lado por querer llevar un estilo de vida “saludable” o por creer que las mismas producen un sinfín de enfermedades.
Pero como todo, las carnes rojas tienen sus pros y contras, tomando en cuenta que no deben ser consumidas en exceso, pero no necesariamente eliminadas de la dieta.
Existen dos tipos de carnes en el mercado. Por un lado, están las carnes procesadas, aquellas que han sido sazonadas, curadas, fermentadas, ahumadas y enlatadas, en las que se utilizan conservantes y químicos para hacerlas perecederas.
En este grupo de carnes procesadas también encontramos los embutidos, como el jamón de pierna, la salchicha, el chorizo, el salami, la morcilla, la mortadela, pepperoni, tocineta, etc.
Además de contener químicos, apegándose positivamente a la creencia de que el consumo de las mismas aumenta la posibilidad de padecer ciertos tipos de cáncer (especialmente colorrectal, de colon y próstata), este tipo de carne es alta en grasa saturada y sodio, nutrientes que tienen que ser sumamente vigilados en la dieta, ya que si son consumidos con frecuencia, deterioran nuestras arterias, haciéndonos más propensos a enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial, hipercolesterolemia, entre otras.
Por otro lado, encontramos las carnes no procesadas, de buena calidad. Nos referimos a cortes frescos y magros recién pedidos en el mercado, especialmente aquellas carnes donde el animal ha sido alimentado y criado sin hormonas y lo más natural posible.
Estas son excelente fuente de proteínas, hierro, vitamina B12, vitamina B3 (niacina), vitamina B6, zinc, selenio, entre otros. Incluirlas como parte de una dieta balanceada es saludable, ya que ayuda a mantenerte con energía, beneficia al sistema inmune (por su alto contenido en zinc) y al sustento de la masa muscular.
La elección del corte es fundamental, haciéndose más recomendables cortes de res como el lomo bajo, solomillo, redondo, peceto, cuadril (antes que en la paletilla o la costilla), de cerdo, cortes como lomo bajo o solomillo (antes que panceta o chuleta), y para el cordero, si se retira la grasa, la paletilla (antes que la pierna o la costilla).

 

Ten en cuenta que los mismos cortes pueden tener diferentes nombres, dependiendo del país o región. Por ejemplo, un bistec de lomo deshuesado también puede llamarse lomo, filete de solomillo o solomillo.
Hoy día, existe la posibilidad de comprar carnes donde el animal ha sido alimentado solamente con pasto, y, aunque es un poco más costosa, la recomiendo, ya que retiene más sus nutrientes y añade otros como omega 3, vitamina A, vitamina E, etc. haciéndolas más nutritivas y saludables.
Desde mi punto de vista, si eres amante de la carne, procura optar por consumir los cortes antes mencionados, máximo dos veces por semana.
Cocínalas poco sazonadas y término medio, sin carbonizar, ya que cocinar a altas temperaturas en contacto directo con una llama o una superficie caliente, como la barbacoa (parrillera) puede producir ciertos tipos de químicos cancerígenos (como los hidrocarburos aromáticos policíclicos y las aminas aromáticas heterocíclicas). Complementa la dieta siempre con muchos vegetales, frutas, carbohidratos complejos, mucha agua y ejercicio.
Ahora ¿puedes vivir sin carne roja? Sí, puedes consumir solamente carnes blancas y otras fuentes de proteína, ya sean de fuente animal, como el pollo, pescado, pavo, huevo, etc., o de fuente vegetal, como las menestras, tofu, frutos secos, entre otros, recordando siempre complementar la dieta con alimentos ricos en hierro y vitaminas B, como los granos, vegetales de hoja verde como espinaca, alcachofa, brócoli, col, por mencionar algunos y frutos secos como las almendras o nueces.